¿Contratarías a un gurú de internet?



contratar a un gurú


Diez años después de la publicación de Gurú Lo Serás Tú, parece estar de plena actualidad gracias a la llegada de nuevas redes como TikTok o Clubhouse, pero sobre todo, a una nueva crisis en ciernes que hace saltar bajo las piedras de internet a los vendehumos, perdón… consultores, expertos e influencers de todo tipo. 


Soy consciente de que en muchas ocasiones me comporto como uno de ellos. Solo puedo decir que es a mi pesar y que no es intencionado. También, prometer que intento evitarlo cada vez con más fuerza. Porque, si bien como profesional independiente (unas veces freelance autónomo, otras asociado, otras emprendedor con equipo de colaboradores) es necesaria cierta labor de marca personal, literalmente para vender lo que haces, en otras se trata solo de ego o pérdida de tiempo. Y lo primero es igual a lo segundo. En pocas palabras, y siendo honesto: a veces no me aguanto ni yo. Como para aguantar a otros.


La pregunta es ¿soy el único al que le aburre soberanamente ver todo el rato a los mismos dando consejos y vendiendo-se? ¿Te los crees?


Recordemos que desde la llegada del social media, siempre ha habido quien solo mira, quien mira y reacciona de alguna forma (like, RT, comentario…) y quien crea contenido de forma activa. Prosumers. Y es cierto que gracias a ese porcentaje de usuarios súper activos encontramos mucho contenido de valor. ¿Pero qué es exactamente valioso? 

Yo que he reducido mi presencia en RRSS a lo mínimo que considero necesario (recientemente borré miles de tuits personales de @comicpublicidad para dejarlo solo como corporativo) aportar valor es lo que intento en la que más uso ahora, que es Linkedin. Mi intención es compartir reflexiones rápidas o material externo que encuentro. Mi objetivo es, de verdad que lo intento, generoso. Pero también, mentiría al negarlo, tener visibilidad y contar qué hago, a qué me dedico y cómo pienso. Me vendo. 

Porque es mi trabajo. Pero me vendo. Generosidad pero no totalmente altruista. Mea Culpa.


Así que la segunda pegunta es ¿contratarías al típico gurú de las redes que está todo el día, pero todo el día, publicando en sus perfiles?


Los conoces y los has visto hoy mismo. Entras en Twitter o Linkedin y allí está una de sus publicaciones. Y otra. Y otra… una detrás de otra. Y un comentario en la publicación de otros. Y otro, y otro. Mucho contenido interesante, pero también mucho de estar por estar y llamar la atención. Preguntas sin relevancia para generar respuestas. Confesiones no pedidas. Simpatía y cercanía a raudales unas veces, o ganas de poner los puntos sobre las íes a todo lo divino y lo humano. Esos que solo saben corregir, enmendar y quedar por encima del que ha creado el contenido original son los más cargantes. Trolls aparentemente educados, pero trolls. 

Vale que la gracia está en el intercambio de ideas, el debate y el aprendizaje, pero oye, un poco de humildad ¿pa’cuando?


Personas que parece que no solo viven de internet, sino que viven en internet.


Abras cuando abras una red, están allí. Y al final, la duda que me entra siempre con ellos es si trabajan o son gurús a tiempo completo.

Vuelvo a mirarme al ombligo y reflexionar. Cuanto más trabajo tengo, menos tiempo para estar en mis RRSS. Tampoco tengo muchas ganas ya, pero eso es otra cosa. En Instagram muy raramente publico, voy de mirón. En Facebook, no llego a una vez al día ni en el personal ni el de cualquiera de mis proyectos, pago por la visibilidad cuando la necesito. Al fin y al cabo, siempre defendí eso. En Twitter, además de borrar los antiguos y cambiar el avatar por el logo, si publico dos o tres veces al día ya son muchas (y generalmente desde fuera, usando el botón en la web de lo que voy a compartir). Donde más publico es en Linkedin, precisamente porque es esencialmente profesional y creo que me aporta valor. Por otra parte, mi trabajo me exige investigar mucho, leer mucho y consultar muchas fuentes. Mucho de lo que descubro me motiva a compartirlo por si a alguien le sirve. Y hasta como forma de archivo personal para localizarlo más adelante. Además, es una forma de microblogging, con post cortos en lugar de otros más largos aquí, como hacía hace mucho, cuando publicaba aquí todos los días. Eran otros tiempos. Ah... la blogosfera...

Pero sí, lo uso como canal de ventas. Lo hago consciente de que puedo cansar con los temas y los hashtags. Pero es que, como red profesional, entiendo que una de las utilidades es la promoción de lo que cada uno haga. Escaparate de tus servicios profesionales, de tu marca y, en mi caso, fundamentalmente de mis libros. Que lo haga con más o menos estilo, más cansino o más entretenido, es mi reto y mi riesgo. Pero estar por estar, tampoco tengo tiempo. Porque la mayor parte del día la paso vendiendo, produciendo o entregando trabajos. Afortunadamente o porque ese autobombo sirve de algo. A veces, así ha sido. Pero…  ¿Qué harán los que publican cada dos minutos? ¿Tendrán trabajo o alguien trabaja por ellos? Qué suerte.


¿Trabajas o eres gurú?


Cierro ya el post con la gran pregunta que me hacía, os hacía, al principio. ¿Contratarías a alguien que está todo el rato en redes? Si es un community manager, lo entiendo. No solo estás obligatoriamente conectado y te da igual tuitear para una marca que para ti, sino que te sirve para probar cosas y puede ser un buen escaparate para vender sus servicios demostrándolo. Si eres periodista, igualmente sirve para estar al día y fortalecer tu firma con tu opinión pública más allá del medio en el que escribes. Y captas lectores para tus trabajos en prensa.  Pero si eres profesional, aunque sea de marketing, con otro tipo de obligaciones, no me creo que puedas estar tuiteando como una metralleta o contestando a todas, todas, todas las publicaciones de otros como si ese fuera tu trabajo. O yo soy muy torpe y lento, o tú eres muy inteligente y capaz de concentrarte en un minuto y crear algo en dos, y seguir tuiteando a la vez. O lo haces mal y con errores, o eres un genio. Un auténtico gurú que, desde luego, merece ser contratado. Enhorabuena. 

Personalmente sospecho que los que están todo el día en redes o no tienen trabajo, o no tienen familia, o no tienen otra cosa que hacer o ninguna de las tres cosas a la vez. Por mucho que algunos digan que es precisamente todo lo contrario y no paren de presumir de todas las visitas que hacen, todos los contratos que firman, todos los mails que responden, todas las videocalls, seminarios, clubhouse, podcast, artículos a los que atienden y premios que recogen. No sé, Mike. No me lo creo.


Sobre si de verdad hay gente que espera o necesita tus opiniones, y se ponen nerviosos cuando te vas de vacaciones y no publicas en dos días, no hablamos.


En todo caso, como digo desde que hablo del tema, cada uno usa las redes sociales como quiere. No hay normas más allá de las que cada red pone. Tan solo consejos y ensayo/error.

P.D. Por supuesto, es muy probable que todo lo que he dicho en este post me represente. Aunque sería a mi pesar. Y el primer paso para corregir un error es reconocerlo. 




 

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