29 octubre 2012

Lo que no te han dicho del "Caso Obama"



En muchas ocasiones me he manifestado muy incrédulo con el famoso case study de la campaña que hizo presidente a Obama. Lo hago porque sin restarle importancia al Social Media, no tengo tan claro como otros si fue el factor determinante. En España, creo haber aportado datos sobre la poca o nula repercusión de las redes sociales en las pasadas elecciones. Más recientemente hemos visto como en Galicia, la mayoría absoluta de Feijóo puede haber dado la razón a quienes hablaban de una "mayoría silenciosa" que no se manifiesta en la calle ni en twitter, pero vota lo que cree.
La cuestión es que el Social Media es sólo una parte del Marketing Digital. Las redes sociales son básicamente un medio, el caldo de cultivo en el que unas ideas pueden propagarse, o identificar tendencias. Pero para que una idea se propague, alguien tiene que lanzarla, y crearla, e incubarla como los virus. 
Eso, es lo que yo defiendo siempre: el branding y la comunicación unidireccional de marca, como propuesta propia que al final las personas hagan suya y difundan. Y en esa difusión, se logre la grandeza real del Social Media que es cuando la sociedad enriquece nuestras ideas y elabora mensajes propios a partir de los nuestros que puedan resultar más creíbles y cercanos. Conversación, sí, pero creada por ti.

Pero insisto, el Social Media es eso, un medio, y como tal debe ser tratado en un mix que incluya otra parte muy importante, mayor  o menor según los casos, que incluye la publicidad. On y Off.

En la edición impresa de El Pais de hoy lunes 29 de Octubre de 2012, se analiza el aspecto digital de la campaña electoral americana. Se dedica casi la totalidad de la página publicada a la vertiente social media, a la aplicación "Dashboard" utilizada por el partido Demócrata, y al aprovechamiento de los datos obtenidos y generados por las redes como Facebook para personalizar mensajes o detectar lo que llega o no llega de los mensajes.



Sólo en el último párrafo se habla del papel que juega la publicidad tradicional, aunque en internet, dentro de la campaña. Y a mí, como La Publicidad me gusta, es lo que más me ha llamado la atención. Y sinceramente, creo que los datos que aporta el artículo, deberían ser explicados de forma inseparable cuando se analiza el "Caso Obama". Aunque, me temo, que a los extremistas del social media y community managers sin fe en la publicidad o conocimientos de marketing general, no les interesa difundirlos. Tal vez por eso haya tardado cuatro años en salir a la luz. Pero quien quiera luz, aquí la tiene:


  • En 2008 Obama destinó 16 Millones de dólares a anuncios digitales, cuatro veces más que su rival
  • En los primeros seis meses de 2012, ya había invertido 36 Millones de dólares en publicidad.
  • Más de 800 millones de anuncios, para construir la "marca Obama" y persuadir a los votantes.


Y es que en el caso Obama, además de ocultar sistemáticamente este dato vital de la campaña, se obvia también por sistema la importancia de los propios mensajes y programas, pues al final lo que cuenta no es el medio, el continente o soporte, sino el contenido.

Las personas podemos ayudar a difundir una idea, pero antes tenemos que aceptar esa idea como propia. Tiene que emocionarnos. Eso, se logra con publicidad.

Ya que hablamos de Elecciones Americanas, hablemos de un experimento realizado por G.W. Hartman en 1936.

Con ocasión de unas elecciones en Pensilvania, realizó tres campañas distintas en cada parte de la ciudad. En una con mensajes de orden emocional, en otra con mensajes racionales, y en la tercera simplemente no hizo propaganda alguna.
En donde no hizo campaña, los votos aumentaron un 24,1%, en donde los mensajes eran racionales creció un 35,4%, mientras que donde se optó por la publicidad emocional el resultado fue de un 50% más de votos.

En 1936, o en los años 90, no había redes sociales en internet. Pero había escaleras, portales, plazas y oficinas. Había personas como ahora. Y las personas tienen emociones, sentimientos, creencias, ideologías y a veces, hasta deciden por si mismos.

08 octubre 2012

Menos coaching y más amor


Vivimos un momento inmejorable para la propagación del coaching como la tercera burbuja, sólo después del social media y los gin tonics. En realidad, es una consecuencia lógica. Si combinamos la necesidad de salir adelante en una situación socioeconómica complicada y la facilidad con la que cualquiera se convierte en gurú de las redes y alcanza una audiencia notable deseosa de escuchar consejos y leer frases que se puedan retuitear fácilmente, el cóctel, con o sin canela, está servido.

En realidad, no es nada nuevo tampoco. El asesoramiento personal o la guía para la vida es tan antiguo como la humanidad. No hace falta buscar un nuevo término molón en inglés. Podemos llamarlo simplemente filosofía. Porque la raíz del asesoramiento personal o los libros de autoayuda no es otra que la razón misma. Como decía ese magnífico título, Más Platón y menos Prozac.

El hombre (como especie) ha necesitado siempre referencias cuando se pierde. Quienes no las encuentra en la razón empírica, las halla en la experiencia de otros. Y los terceros, en la religión. 
Por eso, en una época como la actual en la que la religiosidad cotiza a la baja, surgen nuevos guías espirituales que en lugar de sotanas llevan corbata, o gorra de béisbol, o gafas de pasta. Poco importa el disfraz de gurú, porque lo importante es que la filosofía barata, prêt à porter y fast food, vende.
En realidad, como explica en su programa Redes el coach de moda Punset, la espiritualidad, y la religiosidad pueden ser una característica genética que nos permite sobrevivir y evolucionar.
"La espiritualidad nos ha ayudado a ver la vida con optimismo, y a ser más felices a pesar de las adversidades (…) A lo largo de la historia de la humanidad, creer en deidades, en fuerzas sobrenaturales, o en otras vidas nos puede haber ayudado a seguir adelante" 

O esa es la hipótesis de Dean Hamer sostiene al afirmar que esa espiritualidad la llevamos en los genes:


Y la espiritualidad, la necesidad de acceder a la verdad a través de líderes a los que les concedemos cierta autoridad y de los que creemos lo que queremos creer muchas veces agarrándonos a un clavo ardiendo, se llama hoy "quote".

A las pruebas me remito: lo más compartido en redes sociales, o votado, después de los gatitos, son las citas. Esas frases inspiradoras que, como los horóscopos, valen para un roto o para un descosido.

Yo mismo uso con frecuencia el recurso de la foto con citas en las #buenasquotes de comicpublicidad y compruebo siempre que surten efecto. Generan más "likes" que cualquier otro contenido. Y también las añado a mi pinterest procedentes de otros. Porque si no son la panacea ni salvarán al mundo, al final sí tienen su utilidad.

Al fin y al cabo, los que nos dedicamos a la comunicación siempre hemos sentido la necesidad de contar cosas que realmente lleguen a los demás. ¿O no eran gurús del coaching aquellos locutores de radio de toda la vida como Elena Francis y los consultorios radiofónicos? Una realidad que se plasma con genialidad en la serie Doctor en Alaska en la figura del locutor local, Cris.



Hay una parte muy positiva de esta tendencia a la filosofía pop y el coaching: Lo importante es que te hagan pensar. 
En una sociedad a la carrera, que una sola frase, un post o un libro te haga reflexionar sobre lo que haces con tu vida, es bueno. Muy bueno. Como diría el maestro Yoda, gurú de las galaxias: Es Bien.
Dicho esto, a veces resulta un poco molesto que te quieran convencer de cosas a golpe de cita. Dan ganas de decirles a muchos que se metan el coaching por donde les quepa. Como dice un viejo refrán castellano, auténtica sabiduría popular: "Dame dinero, no consejos". Que tú lo que necesitas es un abrazo, una llamada o un trabajo.  Y que leer a Paulo Coelho puede ser más un empujón desde el viaducto, que un flotador en el naufragio.

Pero yo no me voy a privar de hacer de gurú del coaching una vez más, desde mi púlpito, con una velita encendida si hace falta para darte mi consejo vital:

Cree en ti. Quiérete. Respétate. No te hagas a ti mismo lo que no le deseas a los demás. Ni lo que no quieres que te hagan.

Y añado la foto por si te gusta y la quieren pinear.



En definitiva: Menos coaching, y más amor… propio.