17 octubre 2016

En todas partes cuecen castas


No solo hay castas entre los políticos profesionales, haberlas haylas en las empresas, especialmente en marketing. Y no porque sean intocables, que suelen ser defenestrados con frecuencia, sino por la forma en la que llegaron a sus puestos directivos.  Directamente desde la casilla de salida.

A los políticos de ahora se les acusa de haber llegado a diputado, concejal, ministro o hasta presidente del gobierno sin haber trabajado en nada más antes. Sin tener experiencia como empleado, pero tampoco como director de una pequeña o gran empresa. Por eso, creemos que viven en otro mundo y no conocen la realidad. No saben lo que cuesta ganarse la vida, ni competir, ni por supuesto generar empleo con esfuerzo e inversión más allá de las subvenciones.

Pues en las grandes empresas, pasa lo mismo.


Existe una casta de directivos de marketing, o financieros, o de RRHH, que ha llegado a su puesto en una multinacional tras una exitosa carrera formativa: Universidad, Erasmus, Master privado (y si es en IE, ni te cuento) y junior assistant en una de esas compañías que todos conocemos y que no citaré.

Pero no han gestionado una pequeña empresa de cinco empleados, o se han buscado la vida como autónomo. Tampoco han estado detrás de un mostrador o han ido puerta por puerta vendiendo. Piensan que todo se arregla tirando de presupuesto procedente de una nueva ronda de financiación o de la central en Chicago. Y nunca han estado al otro lado de la mesa o el teléfono cuando dicen eso de “si quieres trabajar para nuestra marca, es lo que hay, tú verás”.

Lo diré claro. No tienen ni puñetera idea de su trabajo, pero en cuanto pueden te dicen cómo lo hacían en [ejemplo Inc.] aunque en realidad, casi todo viniera de arriba, o de la central. ¿Si tan buenos eran, por qué no siguen allí?

Lo que ocurre, como les ha pasado a los políticos cuando la cosa se puso fea, es que en esas empresas que les han inculcado el gen de la presión y desprecio al proveedor por sistema, acaban siendo también prescindibles y tarde o temprano llega un nuevo triunfito a la empresa que ocupará tu lugar. Es lo que tiene no ver personas y sólo números. Acabas siendo un cero a la izquierda también.

Y, cuando salen de esas multinacionales y llegan a una pyme, fichados por su brillante currículum de empresa en la que gestionaba millones de euros, tarde o temprano alguien descubre que con 5.000 € al mes de presupuesto no da ni para su coche de renting, alta gama claro, que la imagen de triunfador no puedes dejar de tenerla. O que si no suben las ventas  con tu campaña al mes siguiente, en lugar de pedir más presupuesto, te lo recortarán. Y lo siguiente que recortarán, será tu cabeza. Es la otra definición de Head Hunting.





11 octubre 2016

No me hice creativo para desactivar bombas




No es lo mismo darse prisa que precipitarse. No es lo mismo ser ágil que improvisar. El gran mal de nuestro tiempo y de nuestro mercado publicitario es la falta de previsión. Los planes de marketing anuales son los padres y aquí se trabaja a golpe de ocurrencia. Total, si el creativo tiene internet, puede hacerlo en un ratito.
No hay mayor placer para los que disfrutamos haciendo lo que hacemos que tener tiempo para ello. Echarle horas, trabajar más en lo que me has pedido. 

No debería ser difícil de entender para un director de marketing. Aunque para darle tiempo a su agencia, ese director de marketing ha tenido que dedicarse tiempo a sí mismo, y a su marca, para pensar bien qué es lo que quiere y para cuándo lo necesita.

Y no, no hay nada que vaya a arruinar tu negocio porque no te haga mañana lo que me has pedido hoy. En todo caso, no será responsabilidad mía, sino tuya, por no haberlo tenido previsto. No llames profesionalidad a la ocurrencia de última hora o a la alerta de tu dead line en Google Calendar. Si tu negocio se va a pique, culpa al patrón, no al marinero.
Tal vez a ti te guste trabajar sentado en una bomba de relojería, pero la publicidad es otra cosa. Es estrategia antes que táctica, y es planificación de temporadas y lanzamientos.

P.D. Se recuerda a todos los directores de marketing que en diciembre es Navidad. Y en febrero Carnaval. Y en marzo el Día del Padre... Semana Santa...

Foto de Dirk Knight (Creative Commons) en Flickr.