Nos quieren tontos


Los grandes medios tecnológicos trabajan afanosamente por hacernos la vida más fácil. Twitter decide que lo que antes era favorito para ti, ahora te gusta. Ayer por la noche descubrí que la app de Facebook para android me traducía automáticamente los post en inglés, para que no tenga que esforzarme en hacerlo yo e interpretar el idioma a mi manera. Igualmente, si quiero opinar algo, basta deslizar un dedo para elegir un estado de ánimo y evitarme escribir. Los nativos digitales se decantan por redes como Instagram en la que lo que cuenta es ver fotos una detrás de otra, preferentemente selfies y comida. Normal que en lugar de manifestaciones callejeras, baste con montar una petición en Change.org.

Nos quieren tontos, o lo parece. Y para anular poco a poco nuestra capacidad de razonamiento y comprensión de ideas, nada mejor que evitarnos usar el cerebro lo más posible.  No aprenda idiomas, ni haga el esfuerzo mental de traducir, que ya lo hacemos por usted. Y de escribir, si ya lo de hacerlo a mano es de otra era, y aunque haya estudios que demuestren que la destreza manual tiene que ver con las capacidades psicomotoras básicas y algunos piensan que se suple con la habilidad para manejar pantallas de táctiles, el que se pierdan las ganas de escribir va mucho más allá de la comodidad.

Escribir no es un acto pasivo como la lectura (dejando aparte la comprensión y creación de conocimiento que eso genera), sino que al requerir de nuestro esfuerzo activo, incide en la capacidad de representación mental, en la orientación temporal, en la capacidad de planificación, en el conocimiento lingüístico y con ello la capacidad de generación de ideas complejas y la formulación de teorías, conceptos y criterios. 

Escribir, como explican los expertos, también ayuda a la comprensión lectora y al proceso de estudio. y aunque sea más fácil seguir un tutorial en video que leer un manual, lo importante es la interacción del sujeto con el mensaje recibido. Puede que una imagen valga más que mil palabras, pero sólo las palabras pueden explicar de forma completa una imagen.

Esto en marketing lo sabemos muy bien. No sirve de nada publicar en redes sociales sin provocar una respuesta activa, un feedback ya sea un emoticono o el lujo de unas palabras, aunque sean de troll. Hubo un momento en que lo mejor de los blogs era esperar los comentarios y responderlos. Escribirse. Hoy, la conversación se desvía a los perfiles en rrss y con suerte, tienes unos cuantos clics a like o lo que sea. No faltará mucho tiempo para Google o Facebook respondan por ti con sus robots, al fin y al cabo, parece que ya son capaces de hacerlo con tus correos electrónicos con Smart Replay.



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