17 septiembre 2015

Nuevo Anuario de la Creatividad del Club de Creativos, y van dieciséis


Ayer se presentó oficialmente el XVI Anuario de la Creatividad Española editado por el Club de Creativos. Lo primero que quisieron destacar era el nivel medio alto que habían encontrado en las piezas analizadas por el jurado, lo que a su juicio habla del estado actual de la publicidad española, que para otros no pasa  por su mejor momento. Aún así, hay datos que animan al optimismo, como que del total de trabajos presentados y/o seleccionados la gran mayoría eran de tipo "comercial" y no "social" como suele ser el recurso habitual para optar a premios. Incidió Rafa Antón, presidente del jurado, especialmente en el caso de Decathlon que hasta incluye un precio, y bajo, al final del spot premiado.


Un elemento de publicidad directa que no desmerece a su juicio el gran trabajo de conceptualización y uso del lenguaje, la redacción y el discurso continuado de toda la campaña.
También destacó Antón la variedad de técnicas y estrategias encontrada en la selección. Desde tecnología innovadora a narrativa clasicista en formato spot, pasando por campañas integradas, 360 o inclasificables, sin olvidar la numerosa utilización del humor como uno de nuestros referentes preferidos.

Entre los innovadores, Pay for Laugh o Santapp,



y entre los humorísticos Visionlab o Líbero.



Otro factor que quisieron poner en valor fue el atrevimiento de muchas marcas por apuestas arriesgadas, como el reposicionamiento de ING en su aniversario utilizando una pieza original de Bob Dylan "digna de verse en cualquier festival internacional como destacada".

Otra de las campañas destacables a su criterio por el valor estratégico fue "Periodismo" de Vodafone, gracias a la integración del concepto "Power to you" con la realidad de la mejora tecnológica en un uso tan real como sorprendente.




"Gracias al anuario —afirman en el CdeC— podemos analizar la salud de las marcas, viendo año tras año su crecimiento y evolución" 


Y ponen como ejemplo las campañas sostenidas en el tiempo de Sabadell y Solvia, las cuales también sirven para destacar por parte del miembro del jurado  Urs Frick (Zapping) la pérdida de interés y dedicación que le estamos dando a la categoría de gráfica (evidentemente por el descenso de importancia del medio) pero que para él representa una oportunidad de oro para hacer grande cosas y destacar creativamente. Como paradoja, también reconocieron la inexistencia de piezas para el medio móvil, aunque todo el mundo lo reconozca como tal.

Guille Viglione, nuevo presidente del Club de Creativos, cerró el acto confirmando San Sebastián como nueva sede del Día C, fusionado además con el Día A 2016, y la apuesta del club por reforzar el peso específico de los creativos en la industria.

Guille Viglione: "Si esto fuera fútbol, nosotros seríamos los futbolistas" 

No se puede decir más claro.


El anuario ha sido diseñado este año por Floch, optando por separar en cuatro libros independientes las distintas secciones.


El botón de no me gusta o cómo taparte los ojos



El botón "No Me Gusta" de Facebook es falso. Una vez más, los periodistas copypaste han vuelto a clonar una noticia que no es tal y como la contaba el primero. Traducir en zigzag tiene esos peligros, y creerse todo lo que dice la red más. Pero el problema es aún peor, lo que subyace es el síntoma de cómo las redes sociales nos están manipulando. Y lo digo sin ambages, sabiendo que cada vez que expreso mis dudas sobre el maravilloso mundo de colores que muchos ven en todo lo digital (que cosas buenas tiene, oiga) entro en el grupo de los hatters y cosas peores.

Pero si siempre me he rebelado contra el "pensamiento único de internet" en el que hay que estar de acuerdo con los nuevos líderes, vulgo tuitstars y gurús, y sobre todo, ser feliz, demostrar éxito y pertenencia al grupo de los cool y que nunca falte un gin tonic en nuestros muros, la noticia de fondo sobre la funcionalidad o no del "no me gusta" en Facebook me resulta, permitidme la expresión agorera, tenebrosa.

Vayamos por partes: Para empezar, Zuckerberg lo que dijo es (No he leído la fuente original, me fiaré imprudentemente de dirconfidencial.com)  “estamos trabajando en algo más amplio. El nuevo sistema de calificación no tratará de lastimar a nadie, sino únicamente de mostrar empatía”. Literal. Y amplía: "En este sentido, el 'no botón' o 'the feature' servirá para expresar que son noticias que realmente no nos gustaría recibir, noticias que realmente no “gustan”.

Es decir, que ese maravilloso (sic) algoritmo que decide ya por ti lo que puedes y debes ver y lo que no, el porcentaje de publicaciones de una página, o el comentario exitoso de alguien a quien no sigues pero que "espontáneamente" se hace viral, o vela por tu moral evitando que veas pezones o madres amamantando pero no peleas de perros, quiere tener más poder aún para evitarte noticias desagradables.


Por cierto que eso, como supongo ya sabes, hace tiempo que existe con la opción ocultar noticias como esta.



La venda en los ojos, y te la pones tú.

Las marcas tiemblan, literalmente y con razón, ante la posibilidad de que haya más votos negativos que positivos. Con razón digo, porque no hace falta entender de trolls ni sociología o marketing para saber que por cada millón de clientes satisfechos de una compañía telefónica que no lo cuentan, hay mil que montan el pollo o intentan el chantaje en redes sociales. Que se lo digan a los que trabajan en Reputación Digital y lo que tienen que luchar para contrarrestar los comentarios negativos, con o sin razón.

Pero eso no es un drama, porque aún tenemos la publicidad (digo yo, otros no) y porque YouTube cuenta con el dedito hacia arriba y hacia abajo desde hace años y no pasa nada.
Lo que es un drama, pero no parecemos querer verlo, es que el medio de comunicación social por excelencia y que posee el monopolio prácticamente, trabaje para "evitarnos disgustos" o lo que es lo mismo evitar que veamos la cruda realidad.
La mayoría de medios que han difundido el bulo del botón no me gusta, aportaban estas declaraciones (no he leído la fuente en inglés):


“No todos los momentos son buenos momentos, y si estás compartiendo algo triste, ya sea de actualidad, como la crisis de los refugiados, o el fallecimiento de un familiar, a lo mejor no te sientes cómodo con un ‘me gusta’. Así que pienso que es importante dar más opciones a la gente”

Atentos: "como la crisis de los refugiados".


¿Qué pretende Facebook hacer para evitar que nos sintamos mal viendo noticias de los refugiados? ¿Que no lo veamos o que podamos votar con "no me gusta"? ¿Van a decidir ellos en cada momento qué te puede "no gustar"?

Mis conocimientos de antropología, psicología y otras logías son escasos como para conocer el resultado. Pero siempre he pensado que gracias —por culpa— del "Me Gusta" o del Trending Topic hemos logrado una sociedad activista de salón, que protesta por todo vehementemente en las redes, en la barra de un bar con un gin tonic, o viendo el fútbol. Una estupenda alienación mejor aún que el fútbol o Gran Hermano.
Y cuando un niño de tres años aparece muerto en una playa, se discute más si se debe publicar su foto que por qué narices hemos llegado a una situación así y qué vamos a hacer para evitarlo. Ah, un clic. Listo, a ver qué ponen en la tele. 
Yo, con la foto del niño, sigo en shock, pero no sólo por el bebé, sino porque la foto conviva en el mismo muro con otra de Belén Esteban o de Cristiano Ronaldo, compartiendo la misma indignación e inmovilismo. Y que todo siga igual.

Permitidme que vuelva a romper una lanza por los escépticos con lo digital. Esto va muy rápido para la gente normal como yo, y aún no sabemos a dónde nos va a dirigir de verdad. Yo he expresado mis dudas repetidamente sobre los modelos de negocio nuevos, la cultura del compartir gratis, y cosas así. Me encantaría estar totalmente equivocado y no acertar en ninguna de mis previsiones pesimistas. Pero aunque la tecnología va más deprisa que la realidad, los estudios calmados acaban llegando. Y empieza a haber algunas conexiones entre educación y dispositivos que no les gusta nada a los gurús influencers que han basado su proyección desde la nada hasta el estrellato digital diciendo que todo va a cambiar y que si no cambias, eres un cavernícola. Pero los datos son demoledores.

Quedan motivos para la esperanza, claro. La Humanidad no se ha autodestruido por mucho que lo ha intentado durante siglos. Y al final siempre acaba encontrando una salida. Yo confío en que esa profesión tan degradada como el periodismo, reducida a la nada cambiando la calle y la biblioteca por twitter y la noticia viral frente a la reflexión, recupere el formato semanal que tan buen resultado nos dio al inicio de la democracia con revistas como Tiempo, Cambio 16, Tribuna, Época o Interviú, en las que las noticias se investigaban a fondo con el tiempo suficiente de reflexión y maduración, contraste y documentación, como para que las entendiéramos de verdad. Y de pago, claro, porque las cosas de valor, cuestan dinero. Este fin de semana sale a kioscos Papel, de El Mundo, y coincide con AHORA, un semanario también en papel.


Y es que todo está relacionado, aunque no lo parezca. La información de calidad es poder, tu poder. Y cuando no estás informado dejas hueco para la propaganda y la manipulación. Intenta descubrir si gracias a las redes sociales e internet (incluida la prensa digital) estás más informado o manipulado.


Si has leído hasta aquí, gracias. Sólo eso demuestra que hay gente dispuesta a plantearse las cosas. No espero que estés de acuerdo. Puedes poner "no me gusta" si te parece, o debatir en los comentarios como en los blogs viejunos. Pero nunca, dejar de pensar por ti mismo, porque yo no quiero que pienses como yo, sino como tú. Gracias.





Foto Principal: Creative Commons Flickr: https://www.flickr.com/photos/sindesign/218797962

14 septiembre 2015

Hablando sobre publicidad de productos sensibles en la revista Capital


La revista Capital publica en su número 180 (septiembre 2015) un artículo sobre cómo ha cambiado la forma de vender los productos considerados "sensibles", es decir, aquellos destinados a higiene íntima, fármacos contra la diarrea, vida sexual... cosas así. Su redactor, Valentín Bustos, me consultó (en calidad de profesor docente en MSMK Madrid School of Marketing) junto a otros profesionales como Alex Coloma (Director de Marketing de Uriach Consumer Health), Mercedes Torres (Ogilvy Public Relations), Natalia Lovecchio (Loop New Business), Juan Manuel Alonso (Marketing Manager en Cargill España y profesor universitario de Branding).

El artículo completo se puede encontrar en la revista impresa por el momento, aunque para quien le interese la opinión íntegra que le envié y de la que extrajo las citas que consideró oportunas, la copio en este post:


Cómo anunciar un producto "sensible"

"Existen dos formas de anunciar un producto: apelando a las razones prácticas de su uso o mediante las emociones. Pero en ambos casos, la marca suele estar orgullosa del mismo por su funcionalidad o su diseño y quiere mostrarlo para ser reconocido y alcanzar ese estado de gloria que supone que los usuarios lo luzcan y hagan suyo convirtiéndose en prescriptores del mismo. El problema llega cuando el uso cubre una necesidad considerada escatológica de la cual se prefiere no hablar en público, eso cuando no afecta a los peligrosos y difusos límites de la moral de cada uno. Pero la publicidad siempre encuentra un camino estudiando el comportamiento de las personas y por ello replica la actitud de la mayoría de nosotros frente a estos temas. Desde pequeños hablar de estas cosas nos hacen gracia, y el humor es un vehículo excelente para la transmisión de cualquier mensaje, especialmente los mas delicados y complejos. Así que no es de extrañar que la mayoría de las marcas escojan el camino del humor para anunciar sus productos.
Aquellas que optan por destacar los beneficios del producto se enfrentan a la creativa tarea de manejar metáforas inverosímiles como el olor de las nubes para evitar mostrar claramente ni la necesidad ni la solución. 
Compresas que absorben líquidos azules, perritos corriendo por la casa demostrando la longitud de un rollo y transmitiendo esa idea de suavidad y felicidad que solo un cachorro a cámara lenta podría lograr, discos girando a distintas revoluciones para unos preservativos con efecto retardo... La imaginación de un publicitario puede ser muy retorcida.


La publicidad evoluciona con las costumbres y educación de una sociedad, y así cada vez es menos epatante hablar directamente de estos temas, y la nueva tendencia es incluir personajes presuntamente reales recomendando en conversaciones entre ellos cremas contra los hongos y ETS,  geles sexuales o lubricantes contra la sequedad. Productos que por otro lado pueden encontrarse ya en lugares tan poco escondidos como los lineales de un supermercado. Y si somos capaces de ver a Carmen Machi hablarnos de su transito intestinal cada mañana, somos capaces de soportarlo todo.

Y en aquellos casos en los que no se acaba de definir el tono, ya nos encargamos el público de tamizarlos por el filtro del humor convirtiendo en chiste un lo sufro en silencio o las pérdidas de una famosa actriz.
Lo que es seguro es que cuando a una agencia le llega el encargo de vender un producto de este tipo todos lo consideran de primeras un marrón. Y es que a veces, el anunciante ayuda poco cuando le pone a un jabón íntimo femenino contra los picores un nombre tan evocador como Chilly.
Tras esta primera aproximación, el periodista quiso que le ampliara unos detalles.

Valentín Bustos: Me gustaría me comentaras lo siguiente:

Aparte del humor, ¿lo picante también ayuda? (Caso Vaginesil, una mujer no ve el momento en que los niños se vayan a la cama, mientras que otra dice que "ahora lo busco")

Respuesta: Lo picante es una variante del humor. Porque si no resulta cómico, entramos en el terreno del mal gusto y lo bizarro, que en muy pocas ocasiones se ha visto en este segmento. El humor desdramatiza, acerca, genera complicidad, aporta mensaje emocional incluso en este tipo de productos. Lo que tú llamas picante antiguamente se llamaría también picardía, o pícaro... pero es humor.

¿Cómo ayuda el embalaje a llegar más al usuario? Por ejemplo, antes era formatos que si pasaban desapercibidos, mejor, mientras que ahora tienen llamativos colores, etc. ¿Ahora son productos fashion y sofisiticados (las  compresas, por ejemplo)?


Respuesta: El packaging es muy importante en esta categoría como en cualquier otra y está ligado directamente al punto de venta. Cuanto más se acerque al Gran Consumo (supermercados) más comercial y atractivo será. En cambio los que aunque tengan publicidad en mass media sean de venta en farmacias mantendrán por norma general, costumbre más que obligación, un aspecto a medicamento. En este sentido hay que tener en cuenta que muchos de esos productos no están obligados a ser vendidos en farmacias pero se elige ese canal como estrategia de marketing. Este mismo concepto lo vemos en la elección del nombre del producto, el "naming", que en muchos casos es claramente procedente de nomenclaturas de laboratorio.

Elegir envases atractivos de colores, con marcas fáciles de recordar y cercanas, es una estrategia de normalización de su uso para integrarse en la cesta de la compra con normalidad. No tengo datos, pero seguramente los preservativos se venden ya más en supermercados, camuflados entre el resto de productos, que en farmacias. Sería bueno investigar eso. Y una vez que se pierde el reparo por comprar preservativos, incluir un gel estimulante que parece un desodorante, es más fácil. Con las compresas, exactamente igual. Presentarlas como algo sanitario es perpetuar el estigma de que una vez al mes la mujer está "mala", mientras que destacarlo con colores atractivos y llamativos es ofrecer la idea de que es algo absolutamente habitual. Aunque muchas mujeres se muestran bastante descontentas con esa imagen festiva de su menstruación y abogan por un tratamiento intermedio de su producto.

Hay un tercer factor en la distribución que es la creación de la categoría de Parafarmacia, tanto como establecimiento independiente como en forma de sección dentro de una gran superficie. En ella se presentan productos de consumo con aspecto farmacéutico para transmitir una imagen más científica o profesional. En esos casos, en el packaging recuerdan intencionadamente productos de laboratorio.

Históricamente, lo que define esa estrategia de comunicación es como decía al principio la categoría de gran consumo. Hace cuarenta años, los yogures Danone se vendían en farmacias y sus envases eran de cristal o blancos. Ahora, aunque mantienen su componente pseudocientífico con bacterias activas y otras promesas médicas, compiten con otros postres o alimentos y como tal se visten sus etiquetas. Y aunque los médicos recomienden algunas variedades contra el colesterol, no se venden en farmacias.

01 septiembre 2015

De Facebook también se sale



Y de Twitter, y de Whatsapp y de donde sea. Para quien trabaja en creatividad tomarse vacaciones forma parte de su trabajo, como apunté hablando de los redactores, es necesario aunque suene antagónico vaciar el disco duro cerebral y rellenarlo con nuevos estímulos. No se trata tanto de la inactividad mental como de cambiar una por otra. Pero, ¿cómo ponerse en modo vacaciones cuando no puedes salir de tu rutina habitual? ¿Cómo tomar vacaciones sin tomar vacaciones?

Vayamos por partes. Imagina que no puedes colgar el cartel de cerrado en tu oficina porque entre otras cosas trabajas en casa. Imagina también que tus compañeros de trabajo son virtuales y te relacionas con ellos a través de mails, chats y redes sociales. Por último, imagina que tus amigos son la mayoría compañeros de profesión y proyectos y viceversa por lo que compartes ocio y negocio con frecuencia y mantienes contacto con ellos en las distintas redes sociales a diario. Añade al cóctel el verano más caluroso de la historia y la imposibilidad de cambiar de ciudad por diferentes motivos. En el histórico, suma que el cuerpo y la mente están acostumbrados como un reloj a tomarse un descanso en temporada alta, mitad porque el calor hace mella, mitad porque tus clientes y proveedores sí que se van y es cuando puedes parar el ritmo en plan ahora o nunca…


Operación Me Voy a Cuenca.

Quien dice Cuenca, dice el Retiro. Lo de irse a Cuenca es una cita cinematográfica mítica de una de las mejores películas de lo que se llamó comedia madrileña, "Todo es mentira", en la que Coque Malla se harta definitivamente de todo y después de amenazar con hacerlo mil veces, agarra el coche y se va. Tomaré la metáfora ya que como digo no he podido escapar a mi refugio del norte este año y aunque no hubiera amenazado con el típico "Abandono Facebook, me he hartado" que tarde o temprano todos hemos leído en nuestros muros, a principios de julio tomé la decisión de entrar en la configuración del perfil, bajar hasta el final donde dice "salir" y catapúm. Y lo mismo en Twitter, Google plus (plus…, uss,… sss), LinkedIn y cualquier conexión con la irrealidad virtual.

No es tan fácil, hay que insistir.

Dejar las redes sociales, como dejar de fumar o cualquier otra adicción o hábito, requiere la constancia según los expertos de mantenerse firme veintiún días, por lo menos. Ese era el primer reto, pero había otras dificultades y me acompañaban a todas partes. Eso que antes usábamos para hablar cuando llegábamos a casa o la oficina, a veces hasta con el filtro de una centralita, ahora lo llevas puesto como el cinturón, y para colmo, hablar no hablas casi, pero no para de enviarte alertas y mensajes de todas las apps habidas y por haber. Si quería desconectar, hacía falta hacerlo también de mi dispositivo móvil y eso aunque parezca mentira es más complicado. Pero no imposible. Algunas apps como Facebook Messenger hay que ir a los ajustes de Android para apagarla en un claro fail de usabilidad. Pero la mayoría, se puede, amigos y amigas. Abres la app, vas a configuración y dices "salir" y es como embarcar en el avión y pensar que vuelas hacia la libertad y el relax. Y eso me dio la siguiente idea, que a veces soy muy torpe. Hay otro botoncito en los smartphones que permite desconectar el wifi y los datos móviles, con lo cual, no te llegará ninguna notificación ni aunque una de las apps decida actualizarse y restablecer la configuración por defecto en la que tienes que volver a cambiar tus preferencias… algo demasiado habitual sobre todo en Twitter. ¿Sería capaz de volver al pasado?

Sí, se puede.

Hay una cosa que muchos ya no recuerdan que se llama SMS. En algunos países de África, incluso, es la tecnología que permite el desarrollo ante la falta de recursos para acceder a móviles de última generación y la inexistencia de redes 4G en zonas rurales o desérticas. Y aquí, aunque la mayoría de planes incluyen ya tarifa plana, los hemos repudiado. Pero mantienen su utilidad plenamente como chat porque, aunque alguien no te envíe un mensaje de motu propio, es una forma estupenda de contestar cuando te llega el mensaje de llamada perdida. Y es que fui tan atrevido que no sólo desconecté los datos, sino que a veces, hasta apagaba durante horas el teléfono.

Y esto fue lo que pasó...

Lo primero que quiero aclarar antes de contaros mis conclusiones, es que siempre he defendido que en redes sociales no hay manuales, ni etiqueta, ni nada obligatorio que tengas que hacer o dejar de hacer por mucho coach de personal branding y sousialmidias dospuntocero con limón y cardamomo que haya. Salvo el sentido común y la educación, cada uno está donde le da la gana, cuenta lo que quiere, aparece o desaparece y al que no le guste, que no lo haga. Odio los post en plan diez cosas que debes hacer y cosas así. Por eso, esto que voy a contar es lo que me ha pasado a mí, y no tiene por qué pasarte a ti. Mucho menos imitarlo, porque no soy ejemplo de nada. Dicho esto...


Más productividad. 

Vale, habíamos dicho que eran vacaciones, pero también que no se trata tanto de tocarse las narices un mes como de tocarse otra cosa. Por ejemplo, otro lado del cerebro. Además, una de las razones por las que no he podido tomar vacaciones de las de verdad en playa o montaña, eran trabajos en marcha. Pues resulta, nada sorprendente pero ahora empírico, que cuando sales de redes sociales el tiempo vuelve a ser el de antes, y no me refiero sólo a lo vintage, sino a la duración. Dejar de procastrinar tiene un reflejo inmediato en que haces tus tareas en una o dos horas cuando normalmente te llevaban toda la mañana. Sí, esto lo había vivido en mi etapa de ermitaño en la montaña cuando no tenía internet nada más que una hora al día en el bar del pueblo, pero es definitivo.
Trabajar totalmente concentrado no sólo hace que sea mejor el resultado, sino que al dedicarle menos tiempo a estar mirando una pantalla, te sobra para otras cosas como tumbarte a leer, vaciar armarios, montar en bici por Madrid o cualquier otra cosa viejuna. En la práctica, trabajas menos. O consigues más por el mismo tiempo. Por ejemplo, dejar de perder, digo bien, el tiempo en redes me ha permitido escribir por las noches un centenar largo de páginas de mi novela que tenía bastante abandonada teóricamente por falta de tiempo. [Por cierto, tras 21 días haciéndolo, se ha convertido en un maravilloso hábito otra vez]


Menos ansiedad y cabreo.

Lo más feo del mundo mundial son los comentarios de los lectores en cualquier noticia de cualquier periódico. Un zoo de trolls escupiendo baba radiactiva es menos tóxico. Después de eso, seguramente lo que más altera la sangre es Twitter y Facebook comentando las noticias desoladoras de cada día. Porque si ya se encargan los periodistas de contarnos cada tragedia o trifulca entre políticos sea de donde sea, escatimando las noticias positivas, que las hay, lo que hacemos (me incluyo el primero, por mí y por todos mis compañeros) hablando encendidamente de cada noticia casi antes de que se produzca sólo nos lleva (he llegado a esa conclusión por enésima vez) a un estado de intranquilidad y cabreo colectivo permanente en el que pase lo que pase hay que quejarse. Y no me parece mal la reflexión, pero esto es otra cosa. Antes de desconectar ya probé algo, que era esperar uno o dos días a comentar cualquier noticia o suceso, porque tras 48 horas lo que sabíamos o nos habían contado, ya no era así. Con la práctica, resultó que no merecía la pena discutir sobre cosas de las que no sabíamos ni toda la verdad ni una parte de ella, o que sólo dos días después había reducido su dimensión hasta la insignificancia. Cosas como si un político va en bicicleta generaban debate agresivo hasta el punto de analizar si llevaba casco o la marca de su montura. De locos. Me di cuenta que había caído en ese torbellino y me sentía como obligado a opinar sobre cada noticia, como si a alguien le importara un comino. Pero de eso, hablaré más abajo.


Estos sí son tus amigos.

¿Qué pasaba cuando te ibas de vacaciones y no había móviles de internet? Escribías cartas, enviabas postales, ibas a un locutorio de Telefónica para llamar a casa o a los amigos. Es decir, eras social y te comunicabas con ellos para contarles cosas. Pero de forma personalizada, de corazón y con ganas. Aquí vuelvo a decir que cada uno haga de sus perfiles lo que le parezca. Pero yo mi facebook personal lo mantengo muy próximo al número de Dumbar y salvo muy raras excepciones las publicaciones están ocultas al público general y si estás en mi muro es porque te he visto la cara, nos hemos tomado una cerveza juntos y somos algo así como amigos en la realidad. Los contactos comerciales, profesionales o protocolarios son para LinkedIn, Twitter o las fan pages de mis proyectos. Sé que es políticamente incorrecto hacer distinciones, pero es así. ¿Qué pasaría si desapareciera sin avisar para no caer en protagonismos ni especulaciones? Pues nada. Seguramente porque unos estaban de vacaciones y otros suponían que lo estaba yo, permanecer en silencio durante semanas, aunque normalmente publicara unas diez veces por día, no ha hecho que se abra un Change.org pidiendo mi vuelta, ni nadie llamó al 112 por si me había pasado algo. Pero quien ha querido algo de mí, me ha encontrado por teléfono. Otros por mail, y otros lo han intentado por alguno de los chatas que, lo confieso, he tenido que consultar tres o cuatro veces en estos dos meses por obligación. Y también, hay quien sabiendo que era un retiro voluntario, lo ha respetado escrupulosamente y no ha insistido. Puede que en su mente estuviera un "pues que te den", pero para mí ha resultado emocionante y conmovedor que alguien te permita encerrarte en ti mismo y alejarte del ruido sin imponerte sus ganas de verte o hablarte. Y esto, daría para un libro entero. A unos, unas otros y otras, gracias. A veces el silencio habla del amor y el amor en silencio.


No cambió nada.

Hay un síndrome reciente asociado a las redes sociales que se llamado FOMO (Fear of Missing Out) Miedo a perderse algo, que alimenta la adicción a consultar compasivamente nuestros perfiles. En los primeros días, tenía ganas de saber qué andabais haciendo sin mí, y si estaban comentando, etiquetándome o compartiendo algo mío. Es verdad que me costaba mantenerme desconectado al principio, pero enseguida el fenómeno fue contrario. Me daba una pereza enorme conectarme ni un minuto para ver lo de siempre. Por suerte, una app que funciona muy bien es el administrador de páginas de Facebook para Android, y pude gestionar los perfiles de los clientes desde ahí sin tener que loguearme en la cuenta personal. Y las tres veces contadas que entré, me pareció que el mundo seguía igual sin mí. Lógica y afortunadamente. Programé unos cuantos post antiguos del blog para que se publicaran solos cada semana en la página y se suponía que debían haberse clonado en Twiiter, pero algo falló y no fue así. Por lo que el Twitter el silencio ha sido mayor, y sin embargo la fluctuación de followers ha sido como siempre, como dice José Mota, Las gallinas que entran por las que salen. Este fenómeno siempre me ha llamado la atención, cómo unos llegan y otros se van de forma constante publiques nuevo o no. Para ser sinceros, el balance final ha sido perder unos diez followers netos, que sospecho han sido despechados por no marcar como favoritos, retuitear o responder tuits en los que me citaban. Pues gracias y que les vaya bonito. No he nacido para conversar en twitter como un cajero automático, lo siento.
En otro orden de cosas, repasando las publicaciones que me perdí en estas semanas, veo que por desgracia nada ha cambiado por mucho que las redes hayan ardido. Mujeres asesinadas, inmigrantes que mueren en bodegas de barcos, atentados y otras barbaridades que nos mueven mucho a la indignación en redes mientras  con la otra mano tomamos un mojito. Bla, bla, bla.


He visto cosas que no creeríais.

Dentro y fuera de las redes, estos días off line ha visto cosas sorprendentes. En lo analógico se puede decir simplemente que he vivido como antes. Una vida sencilla y relajada que había olvidado y a la que ahora me he acostumbrado y me va a costar renunciar. Pero en lo digital, decidí usar sólo LinkedIn como medio de contacto con la realidad, pensando que si tenía que recibir alguna noticia importante para mi trabajo, sería el medio. No sé vosotros qué opináis, pero yo he llegado a la conclusión de que es uno de los lugares más aburridos del mundo, y en el que pasan cosas raras. Sin contar con que básicamente es spam justificado de marca personal y posicionamiento como profesionales de un tema, tengo que investigar por qué algunos post de algunos gurús aparecen constantemente en el time line hasta el agotamiento, así como publicaciones de personas a las que no sabía que seguía (porque también aquí sólo conecto con profesionales a los que conozco). No sé si son promocionados de pago, pero cansan. También he de averiguar porqué lo que más dice la gente allí es "Congrats" cuando el sistema te recuerda por ejemplo que estas celebrando cinco años como autónomo o que te despidieron de una empresa. Congrats, para lo que no lo saben, es la forma vaga de decir Congratulations. Que a su vez es la forma pedante de decir felicidades o enhorabuena. Ah, y por supuesto, se confirma la regla de tres de que si alguien te pide conectar y no le conoces de nada, invariablemente te pedirá trabajo o te querrá vender algo en las siguientes horas. Pero lo mejor de seguir en contacto con lo que se cocía en el sector, ha sido ver el daño que hacen tantos días de calor sofocante. He visto al Coach de referencia en España, autor de un libro de coaching y conferencista habitual sobre el tema, publicar que el Coach es una forma de placebo. Olé. Y a alguien que se hizo famoso y ha publicado un libro sobre el tema gracias a un boicot en redes sociales, criticar que en Twitter se producen linchamientos. Olé y olé. El resto de chistes, para el Club de la Comedia. Me apetece enviarles Gurú lo serás tú, que sé que lo tienen pero no han debido leerlo aún.


Adiós ego, hola yo.

Como conclusión final, abandonar las redes sociales durante un tiempo me ha aportado más de lo que me ha quitado. Porque lo que me ha quitado sobre todo es EGO. Nunca he negado tenerlo pero lo peor es que me había acostumbrado a cultivarlo, en aras de eso que llaman Personal Branding y que parece que obliga a los profesionales independientes y autores a mantenerse en el candelero constantemente, exponiéndose permanentemente, en autopromoción continua. Empiezas hablando de tu trabajo, de lo que has hecho y de lo que vas a hacer, sigues hablando de temas colaterales para como dicen los expertos que se te relacione con un tema concreto, y acabas siendo más molesto que el anuncio de MediaMarkt, ese que cada vez que sale bajas el volumen de la tele o cambias de canal. En mi caso, reconozco que siento una necesidad vital de contar historias, que es a lo que me dedico por uno y otro medio, y que mi lado social géminis me lleva a mantener el contacto y las relaciones con la gente de forma natural. Pero también confieso que estoy muy harto de mí mismo, y de algunos (no, tú no) ni te cuento. He probado a vivir de Robinson Crussoe urbano, y se puede. Quizá he echado de menos a Viernes de vez en cuando, pero he sobrevivido y seguro que los demás también. Pero encerrar el EGO trae como sorprendente resultado dejar salir al YO. Al verdadero YO. No al YO que vendes a los demás, ni el que ven los otros desde fuera por tus actos o publicaciones. El YO que habla para sí mismo, que se da explicaciones a sí mismo, y que en lugar de opinar para la galería se hace preguntas. Al que le da igual lo que opinen los demás en facebook o twitter de una polémica o noticia de turno pero se pregunta en silencio qué es lo que a él le parece, sin seguidismos, prejuicios ni censuras previas. Salirse del ruido, y dejar de hacerlo, permite escucharse. Preguntarse eso tan ancestral como quién eres y a dónde vas y volver a recuperar la independencia de criterio que tan poco abunda en esta vida colaborativa, grupal y gregaria que mal vivimos en redes sociales.




Pero eso sí, que nadie piense que esto es un manifiesto contra nada, porque no pienso renunciar a saltar en los charcos de Facebook, Twitter o la que se tercie cuando me de la gana. Por mucho que crea que lo de Facebook acabará pasando tarde o temprano y algunos estudios lo digan también, como éste.