Olvida a los Milennials, el futuro tiene canas


A pesar de estar de moda lo clásico y lo vintage, en ocasiones parece que sólo damos valor a lo último, a lo nuevo, a lo más moderno. Arrastrados por un mundo digital que avanza a más velocidad de lo que somos capaces como sociedad y como individuos, ponemos todo nuestro foco de atención en lo rabiosamente nuevo, y volcamos nuestros esfuerzos de marketing en las nuevas generaciones sean o no realmente revolucionarias. 
Si usted trabaja en el mundo de los emprendedores o del marketing, estará inmerso en la caza y captura de los Milennials y buscará cómo incentivar a los jóvenes para que se hagan emprendedores. Pero ¿qué pasa con los mayores?
Puede que la edad sea un estado mental —como utiliza la campaña de Opticalia— una actitud en palabras de coach, pero por todas partes verá el culto al cuerpo como expresión de la eterna juventud, y reclamaciones sociales para que nuestra última generación mejor preparada de la historia —afortunadamente, no hemos dejado de mejorar una tras otra— no se eche a perder. Pero ¿qué pasa con los mayores?

Que viene el lobo… gris

Desde hace décadas, llevo escuchando a profesionales del marketing hablar de que el mercado del futuro lo representan los mayores de cincuenta años, incluso los jubilados, por la sencilla razón de que serán la mayoría y se supone que tendrán un nivel de ingresos básicos mejores que en otros tiempos. Y si eso era cuando se hacían previsiones a medio y largo plazo, los tiempos corren y ya estamos en ese estadio en el que la población envejece de media y con ello, los consumidores. Centrarse en las nuevas generaciones está bien, pero esas también llegarán a ser mayores. Y cada vez más.



En Campofrío, los empiezan a tratar como lo que son, con esta campaña que me gusta bastante por el tono y el mensaje.



Unos datos a tener en cuenta

Si el paro juvenil en España es una drama desproporcionado, no lo es menos el de los mayores de 45 años. Con una gran diferencia, y es que según los datos censales, no sólo les cuesta más encontrar un nuevo trabajo, sino que cada vez serán un grupo más numeroso de la población "activa".


Fuente: INE.

Subvencionar y promover el empleo de los más jóvenes está bien, pero nunca en detrimento de las anteriores generaciones. La política de prejubilciones y retiros anticipados, además de ser muy costosa para el sistema de pensiones público, ha sustituido personal con experiencia y necesidad de trabajar por jóvenes, igual o mejor preparados, pero sin trayectoria. Y como suele ocurrir, las empresas están mejor preparadas si cuentan con ambos factores y lo que se prima es el talento.

Por otra parte, y esto ya es una opinión personal que no gustará a todos, ante la disyuntiva de elegir entre permitir el acceso al trabajo de los que llegan o mantener el que existe, tenemos que contar con una realidad incómoda: un joven al inicio de su carrera está más preparado en todos los aspectos para intentarlo en otro país, o aventurarse en opciones más arriesgadas a futuro, que alguien con familia, compromisos hipotecarios, etc. Soy de los que no considera la inmigración un drama per se, pero si tengo que elegir, prefiero irme con 25 años que con 45. Además, confío en que el de 25 vuelva antes de los 45 con más y mejor experiencia. Si es bueno irse de Erasmus, lo es irse a trabajar.
Y eso, sin contar con el talento. Hablamos de fuga de cerebros cuando jóvenes investigadores recién licenciados se marchan fuera, pero no nos preocupa despedir, o jubilar a ingenieros, médicos, abogados o cualquier otro profesional con el valor de veinte años de experiencia.
Hace unos años, escribí un artículo para el programa de emprendedores de Vodafone —hoy no está publicado ya, pero lo rescataré para este blog— en el que defendía la necesidad de emprender con ganas y con canas. Mezclando los perfiles de los más jóvenes con ganas de comerse el mundo, pero apoyados por socios de más de cuarenta años expertos en mercados o gestión de empresas. Me sorprende que todo el mundo proponga a un recién licenciado que monte una Start Up cuando sin experiencia real, la mayoría quedará en la cuneta.

El futuro es inexorable

Hablando de las prejubilaciones, se enmarcan en una realidad socioeconómica en la que una situación boyante nos permitía retirarnos a disfrutar de la sociedad del ocio, a una edad que antes era vejez y ahora una segunda juventud, porque la calidad y la esperanza de vida había aumentado significativamente. El problema es que esa esperanza de vida tiene un reverso tenebroso si la pirámide de población no se equilibra con la llegada de más jóvenes que produzcan y coticen para ellos. Así que los milennials de hoy serán muy importantes en sus hábitos de consumo, pero van a trabajar para los séniors, sí, o sí. Durante la burbuja, la población inmigrante iba cubriendo esas necesidades de cotización, pero al llegar la crisis y volver a sus países muchos de ellos, vuelve la cruda realidad.

El factor positivo

El reto ante esta realidad que nos acecha, está en manos de las administraciones preparando las coberturas sociales necesarias para el envejecimiento de la mayor parte de la población, pero sobre todo, está en las empresas. De ellas depende la integración de ese valor incalculable que representan los trabajadores de cierta edad, y la capacidad de retenerles para que sigan cotizando, y aportando valor a la sociedad de forma activa, adaptadas a sus realidades naturales.
Algunas propuestas de los expertos hablan de conservar ese talento con nuevas condiciones laborales como más días de vacaciones al año, programas específicos de formación para actualizar sus conocimientos técnicos, etc.
Lo que no es posible, al menos mientras no llegue un modelo productivo totalmente en manos de robots en el que los humanos no tengan que trabajar —utopía pura— es que se mantenga unas estadísticas como las actuales: sólo el 46% de los trabajadores de 55 a 65 años tienen empleo en Europa, frente al 62% de EEUU.

Algunas empresas ya están trabajando en ello. Desde luego, con la dificultad a corto plazo de la alta tasa de paro, pero con la vista puesta en el futuro. A largo plazo, algo a lo que no estamos acostumbrados. Una de las empresas que investiga fórmulas propias de integración generacional es Reale Seguros, para quién he tenido el gusto de realizar este vídeo que refleja la problemática. Todo un ejemplo de Change Marketers.




Comentarios

pilar suárez ha dicho que…
Este artículo esta genial. Parece que la sociedad se empieza a despertar y dar cuenta del valor que estamos perdiendo, aunque los del marketing, ya lo supierais.
Un viejo no es un mayor, y que mayor es una palabra que significa grande y que lo grande de la diversidad no es competir sino colaborar y que esta es la solución para sacar adelante a la sociedad.
Muchas gracias Pilar. Y me ha encantado eso de que 2mayor" significa "grande".

Saludos.
J
118Media Marketing Online ha dicho que…
Excelente artículo, gracias !!
Guillermo Córdoba ha dicho que…
muy interesante el enfoque, hace no demasiado yo hice una reflexión similar pero con otro enfoque, quizá te interese: http://www.unica360.com/segmento-seniors-buena-noticia