24 enero 2013

Miedo y Deseo, el derecho total del autor



El concepto esencial de los derechos de autor sobre su obra es muy difícil de entender si no se es creador. Como consumidor de esas obras, llegamos a pensar que son nuestras y podemos consumirlas cómo y cuando queramos. Normalmente el debate se centra en si queremos pagar por eso, cuánto debe cobrar o ganar su creador, etc.

Pero ese es el debate secundario. El materialista. Y el arte, no es materialista. No debería serlo. Lo es cuando se convierte en forma de vida. Y por supuesto lo es cuando hablamos de las Industrias Creativas.

Mi postura profesional y personal (como autor y como emprendedor en una industria como es la editorial) siempre la he dejado muy clara: creo que el único propietario de los derechos de una obra es su creador. Sólo él tiene derecho a decidir si los cede a una entidad, empresa o agente y cuándo y cuánto quiere cobrar por ello. Digo que tiene el derecho a decidir, aunque luego el mercado le obligue a otras cosas. Por eso, defiendo que si un músico quiere cobrar un millón de euros por cada disco, tiene derecho a pedirlo. Si no se los compra nadie, ya lo bajará, o ya se dedicará a otra cosa. Pero que pida un millón, no le da derecho a nadie a quererlo gratis. Nadie le encargó la obra antes, nadie la necesita para vivir. Es simple. Para mí por lo menos.

Junto a este debate cansino porque, insisto, desde el otro lado no suele entenderse, está el paralelo que es el derecho de los consumidores a disfrutar de una obra cuando quieran, incluso pagando. Digo incluso pagando porque el argumento cuando un usuario sube por su cuenta por ejemplo a YouTube una obra (película, videoclip o canción) suele ser que "si el propietario de los derechos no lo ofrece, yo tengo derecho a ponerlo a disposición de quien lo busque".

Resumiendo, como habréis leído muchas veces: "Si la editorial o la discográfica lo tuviera en su web, yo no tendría que 'piratearlo' o compartirlo por mi cuenta" ¿Pero y si el autor no quiere que lo veas más ni pagando?

Vuelvo al principio de la idea: El creador es el único que puede decidir sobre su obra.

No hablo de negocio. No hablo de explotación. Hablo de la esencia de la creación. Si hasta los antecedentes penales pueden ser eliminados de tu Currículum Vitae, ¿Por qué un autor va a tener que exponer su obra eternamente, si no quiere?

Stanley Kubrick, famoso por su perfeccionismo, quiso destruir todas las copias de su película "Fear and Desire"  porque no la consideraba digna y se avergonzaba de ella. Fracasó en su intento, y recientemente la han rescatado y exhibido ante un grupo de críticos. Finalmente llegará a todo el público, en contra de los deseos de su creador, el domingo 27 de enero a través de TCM.

Ahora que está muerto, y que el debate no puede limitarse a si con eso ganará más o menos dinero con esta cinta o las siguientes, queda la paradoja de comprobar, que para la Historia del Cine, gracias a que no la destruyó completamente, podemos disfrutarla y aprender. Pero yo me sigo preguntando si tenemos derecho.

1 comentario:

Rodolfo dijo...

Mucho se hablo ya de la libertad artística pero en la realidad pasan 2 cosas que la limitan a extremo: La primera es la parte de las finanzas, es muy fácil rechazar proyectos cuando uno esta en buena situación económica pero cuando no lo esta, se aferra a cualquier cosa con tal de sobrevivir. La otra es la vanidad, si no estas en las luces la gente te olvida, por este motivo muchos artistas cogen cualquier cosa, buena y mala, con tal de que su nombre aparezca en algún lado y alguien los mencione.