Menos coaching y más amor


Vivimos un momento inmejorable para la propagación del coaching como la tercera burbuja, sólo después del social media y los gin tonics. En realidad, es una consecuencia lógica. Si combinamos la necesidad de salir adelante en una situación socioeconómica complicada y la facilidad con la que cualquiera se convierte en gurú de las redes y alcanza una audiencia notable deseosa de escuchar consejos y leer frases que se puedan retuitear fácilmente, el cóctel, con o sin canela, está servido.

En realidad, no es nada nuevo tampoco. El asesoramiento personal o la guía para la vida es tan antiguo como la humanidad. No hace falta buscar un nuevo término molón en inglés. Podemos llamarlo simplemente filosofía. Porque la raíz del asesoramiento personal o los libros de autoayuda no es otra que la razón misma. Como decía ese magnífico título, Más Platón y menos Prozac.

El hombre (como especie) ha necesitado siempre referencias cuando se pierde. Quienes no las encuentra en la razón empírica, las halla en la experiencia de otros. Y los terceros, en la religión. 
Por eso, en una época como la actual en la que la religiosidad cotiza a la baja, surgen nuevos guías espirituales que en lugar de sotanas llevan corbata, o gorra de béisbol, o gafas de pasta. Poco importa el disfraz de gurú, porque lo importante es que la filosofía barata, prêt à porter y fast food, vende.
En realidad, como explica en su programa Redes el coach de moda Punset, la espiritualidad, y la religiosidad pueden ser una característica genética que nos permite sobrevivir y evolucionar.
"La espiritualidad nos ha ayudado a ver la vida con optimismo, y a ser más felices a pesar de las adversidades (…) A lo largo de la historia de la humanidad, creer en deidades, en fuerzas sobrenaturales, o en otras vidas nos puede haber ayudado a seguir adelante" 

O esa es la hipótesis de Dean Hamer sostiene al afirmar que esa espiritualidad la llevamos en los genes:


Y la espiritualidad, la necesidad de acceder a la verdad a través de líderes a los que les concedemos cierta autoridad y de los que creemos lo que queremos creer muchas veces agarrándonos a un clavo ardiendo, se llama hoy "quote".

A las pruebas me remito: lo más compartido en redes sociales, o votado, después de los gatitos, son las citas. Esas frases inspiradoras que, como los horóscopos, valen para un roto o para un descosido.

Yo mismo uso con frecuencia el recurso de la foto con citas en las #buenasquotes de comicpublicidad y compruebo siempre que surten efecto. Generan más "likes" que cualquier otro contenido. Y también las añado a mi pinterest procedentes de otros. Porque si no son la panacea ni salvarán al mundo, al final sí tienen su utilidad.

Al fin y al cabo, los que nos dedicamos a la comunicación siempre hemos sentido la necesidad de contar cosas que realmente lleguen a los demás. ¿O no eran gurús del coaching aquellos locutores de radio de toda la vida como Elena Francis y los consultorios radiofónicos? Una realidad que se plasma con genialidad en la serie Doctor en Alaska en la figura del locutor local, Cris.



Hay una parte muy positiva de esta tendencia a la filosofía pop y el coaching: Lo importante es que te hagan pensar. 
En una sociedad a la carrera, que una sola frase, un post o un libro te haga reflexionar sobre lo que haces con tu vida, es bueno. Muy bueno. Como diría el maestro Yoda, gurú de las galaxias: Es Bien.
Dicho esto, a veces resulta un poco molesto que te quieran convencer de cosas a golpe de cita. Dan ganas de decirles a muchos que se metan el coaching por donde les quepa. Como dice un viejo refrán castellano, auténtica sabiduría popular: "Dame dinero, no consejos". Que tú lo que necesitas es un abrazo, una llamada o un trabajo.  Y que leer a Paulo Coelho puede ser más un empujón desde el viaducto, que un flotador en el naufragio.

Pero yo no me voy a privar de hacer de gurú del coaching una vez más, desde mi púlpito, con una velita encendida si hace falta para darte mi consejo vital:

Cree en ti. Quiérete. Respétate. No te hagas a ti mismo lo que no le deseas a los demás. Ni lo que no quieres que te hagan.

Y añado la foto por si te gusta y la quieren pinear.



En definitiva: Menos coaching, y más amor… propio.



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