12 marzo 2007

Lorem Ipsum...

Gracias un post en tufunción.com recuerdo un viejo truco del oficio de los que me gusta contar por aquí.

Se trata del texto en latín más utilizado por los diseñadores gráficos, que dice...

"Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna aliquam erat volutpat. Ut wisi enim ad minim veniam, quis nostrud exerci tation ullamcorper suscipit lobortis nisl ut aliquip ex ea commodo consequat. Duis autem vel eum iriure dolor in hendrerit in vulputate velit esse molestie consequat, vel illum dolore eu feugiat nulla facilisis at vero eros et accumsan et iusto odio dignissim qui blandit praesent luptatum zzril delenit augue duis dolore te feugait nulla facilisi"

("A nadie le gusta el dolor para sí mismo, o lo busca y desea tenerlo, apenas porque es dolor...")


El texto en sí es un extracto de Finibus Bonorum et Malorum de Cicerón escrito en el año 45 a.C.. En el link de tufunción.com puedes leer toda la historia, pero yo os hablaré de lo útil que resulta.

Cuando se aborda el diseño de un "layout", bien sea para una página de publicidad, bien para un folleto o catálogo, muchas veces no se cuenta con el contenido real. Tanto si te lo facilita el cliente como si has de redactarlo tú, el diseño debe empezarse antes de que el contenido final esté totalmente terminado.

Ese es el trabajo del "director de arte", decidir dónde irá colocado el texto, cuanto texto debe ir, qué tipografías se usarán, en que tamaño, con qué estilo (normal, cursiva, negrita...)...Para ello, es necesario poner un texto que sirva de ejemplo.

El problema es que si el texto se entiende, distraerá la atención y no será posible decidir el estilo con tanta objetividad. Y peor aún, si el texto es un borrador real, el cliente se fijará mucho más en lo que dice que en cómo lo dice.

Por ello, desde hace siglos, los tipógrafos de las imprentas ya usaban este texto en latín, que al ser difícil de entender, permite que el interesado se fije en lo que tiene que fijarse, que es la estética, y no en lo demás.

Os aseguro que en más de una ocasión, por no utilizar este método, hemos tenido que dedicarle horas a la aprobación de un boceto inicial. Aunque es cierto que con los sistemas actuales de autoedición, estos cambios son más rápidos que antes, cuando los bocetos, incluyendo los textos, se hacían a mano, con un rotulador.