11 septiembre 2006

Publicidad y Mundo Árabe (II)

Esta vez debería llamarse mejor "Mercado y Mundo árabe", pero como es una continuación al hilo del post de hace dos días, lo dejaré así.

Al post original, bea nos comento:

Bea said:

"En estos países, ¿cómo se testan productos? Quiero decir, ¿son las mujeres las responsables de hacer la compra, alimentos por ejemplo, o ellas van y compran lo que sus maridos les mandan? Cuando se quiere testar un producto alimenticio para intentar averiguar si tendría éxito o no su lanzamiento en países árabes, o bien testar conceptos de nuevos productos, ¿sobre qué consumidores se prueba? ¿Mujeres? ¿A ellas se les permite opinar?"


La clave de la cuestión está seguramente en la última parte de la pregunta. El mundo árabe más tradicionalista es absolutamente machista. No creo que a la mujer media se le pregunte por sus preferencias ni participe en test de mercado. Sencillamente, la mujer es tratada como un objeto, propiedad del marido. Que me perdonen los expertos en mundo islámico si digo algo incorrecto, y por supuesto les invito a participar en la conversación, pero contaré algunas cosas de las que he aprendido en Egipto:

  • En algunas zonas, como en los pueblos nubios (sur de Egipto y norte de Sudán) las mujeres sólo pueden casarse con hombres de su raza.
  • Si una pareja quiere casarse, el hombre y su padre van a ver a la familia de ella y le llevan varios regalos sin valor especial, entre ellos, azúcar. Cuando han terminado de hablar de todo, menos de la boda, si la familia de ella acepta, se queda el azúcar, si no, se la devuelve diciendo una fórmula de cortesía que viene a ser "Gracias, pero tenemos bastante azúcar en casa". La mujer, por cierto, se entiende en todo momento que se trata de la mayor de las hermanas, ya que sería una descortesía que la hermana pequeña se casara antes que la mayor.
  • Hasta hace muy poco, estaba muy mal visto que las mujeres trabajasen. Sólo la carestía de la vida actual lo está convirtiendo en normal, pero fundamentalmente en las grandes ciudades.
  • Existen puertas diferentes para los hombres y las mujeres en muchos lugares públicos, y en algunos éstas tienen prohibida la entrada.

Hasta tal punto la mujer es insignificante, que en lugares como el aeropuerto se dan circunstancias asombrosas, por ejemplo. Delante de mí, en el control de pasaportes para salir de El Cairo, accedía a las zonas de embarque una familia árabe. Ella vestía túnica y velo negros dejando tan sólo una minúscula rendija para los ojos. Pues bien, mientras a cualquier pasajero nos contrastaban la foto del pasaporte con la cara, a esas mujeres, por nada del mundo les pedirían que se quitaran el velo para comprobar su identidad. Con la palabra del marido bastaba. Era como si pasasen una maleta más. Y debajo podía ir el mismísimo Osama, que nadie lo sabría.

En estas condiciones, ¿crees que es posible tener en cuenta a la mujer para tomar decisiones de compra?

Os adjunto una imagen de mujeres egipcias en un pueblo nubio. Creo que Zara no tiene mucho que hacer allí.

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